Meditación de una página.
Quizá algunos de nosotros vemos las recompensas como una especie de soborno, una motivación egoísta que amenaza con quitarle valor a una causa noble. Pero, ¿es esa la actitud correcta? Es claro que somos salvos por gracia y no como recompensa por nuestro buen comportamiento (Ef. 2:8-10). Pero, ¿qué si Dios ha decidido darnos recompensas dependiendo de cómo usted y yo vivimos en la tierra?
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